El Real Madrid femenino no perdona y liquida al Espanyol con autoridad

El conjunto blanco dominó de principio a fin y resolvió el partido con autoridad.

El Real Madrid femenino firmó una victoria seria, convincente y sin demasiadas grietas ante el Espanyol, en un partido que controló desde el inicio y que resolvió con la naturalidad de un equipo que supo imponerse desde el juego, la presión y la ocupación de espacios. El 3-0 final fue consecuencia lógica de una actuación muy completa, marcada por la efectividad en ataque y por una estructura sin balón que le permitió recuperar rápido y someter a su rival durante buena parte del encuentro.

Desde los primeros minutos se vio con claridad el plan del conjunto blanco. A la hora de perder la pelota, el equipo se hacía compacto con mucha rapidez, cerrando espacios por dentro y activando de inmediato la presión tras pérdida. Esa capacidad para encimar al Espanyol y robar arriba fue una de las claves del partido, porque impidió que el rival pudiera salir con claridad y, al mismo tiempo, le permitió al Madrid atacar una y otra vez en posiciones muy favorables.

El primer golpe llegó pronto. En el minuto 8, Athenea filtró un pase entre líneas con muchísima intención, rompiendo la estructura defensiva del Espanyol y dejando sola a Bruun ante la portera. La danesa no perdonó y definió con tranquilidad para abrir el marcador. Fue una acción que resumió bien la superioridad madridista: claridad en la circulación, precisión en el último pase y contundencia en el área.

Con la ventaja a favor, el Madrid no bajó el ritmo. Siguió mandando con balón, construyendo desde atrás con criterio y encontrando caminos para dañar a un Espanyol que nunca terminó de sentirse cómodo. La sensación era clara: el conjunto merengue dominaba el partido en todas las alturas del campo. Tenía salida limpia, llegaba con facilidad a campo rival y cada recuperación parecía transformarse en una nueva amenaza.

El segundo tanto no tardó en aparecer. En el 18’, Angeldal probó con un disparo que Salvador logró rechazar, pero Athenea apareció muy atenta al rebote para empujar el balón y ampliar la ventaja. El 2-0 hacía justicia a lo que se estaba viendo sobre el césped. El Madrid era muy superior y el Espanyol no encontraba respuestas ni para frenar los ataques por fuera ni para controlar la llegada de las centrocampistas desde segunda línea.

Ahí, precisamente, estuvo otro de los puntos fuertes del equipo blanco. Las interiores, especialmente Angeldal y Toletti, interpretaron muy bien cuándo pisar el área desde atrás, ofreciendo una variante constante para acompañar a Athenea y Pau en ataque. Sus movimientos complicaron muchísimo la defensa rival, que nunca logró ajustar ni las vigilancias ni las ayudas necesarias para contener ese caudal ofensivo.

El Espanyol sufría cada vez que el Madrid aceleraba, pero también cada vez que intentaba salir. La presión blanca fue asfixiante durante muchos tramos del primer tiempo, y si el marcador no se fue aún más arriba antes del descanso fue más por falta de acierto final que por otra cosa. Dorado y Angeldal también tuvieron un papel importante en ese dominio: firmaron un partido muy sólido en las recuperaciones y fueron piezas clave en las transiciones defensa-ataque, activando rápido al equipo cada vez que había robo.

Ya en la segunda parte, el guion no cambió demasiado. El Madrid siguió siendo el equipo que marcaba el ritmo del partido y el Espanyol continuó sin encontrar una fórmula para discutirle el control. En el 45’, Athenea dejó su sitio a Eva Navarro, pero el relevo no alteró el tono general del encuentro. El equipo siguió compitiendo con seriedad y manteniendo el hambre de sentenciarlo definitivamente.

La sentencia llegó en el minuto 60. Bruun puso un centro preciso y Holmgaard apareció para rematar y firmar el 3-0. Fue el gol que cerró el partido de forma definitiva y que confirmó una actuación muy madura del conjunto blanco, que supo manejar cada tramo del encuentro con inteligencia y autoridad.

Más allá del resultado, el partido dejó una imagen muy positiva del Real Madrid femenino: un equipo compacto, intenso, bien organizado y capaz de ser agresivo con balón sin perder el equilibrio sin él. Dominó desde la presión, desde la ocupación de espacios y desde la calidad individual, y no dejó prácticamente margen para que el Espanyol pudiera meterse de verdad en el encuentro.

Fue, en definitiva, una victoria construida desde la superioridad colectiva. Sin estridencias, pero con mucha claridad. Sin necesidad de sufrir, pero sí compitiendo con seriedad. El Madrid hizo lo que tenía que hacer: mandar, golpear y cerrar el partido sin conceder opciones.

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