Alba Redondo y Angeldahl terminaron de traducir en goles una tarde de claro control madridista.
El Real Madrid femenino volvió a sumar una victoria sólida, esta vez ante el Tenerife, en un partido condicionado muy pronto por la expulsión de una jugadora visitante y marcado también por las lesiones de Linda Caicedo y Feller. Aun con esos contratiempos, el conjunto blanco no perdió el control, dominó con claridad y terminó resolviendo el encuentro en la segunda mitad con goles de Alba Redondo y Angeldahl.
Desde el inicio, el partido quedó atravesado por una acción que cambió el guion. En el minuto 6, una entrada muy dura sobre Linda Caicedo terminó con tarjeta roja para una jugadora del Tenerife y con la colombiana teniendo que abandonar el encuentro. Fue una jugada que dejó preocupación en el ambiente, no solo por la expulsión, sino por la posible lesión de una futbolista diferencial para el ataque madridista.
Lejos de desordenarse tras ese golpe, el equipo blanco se adueñó del partido. Con una jugadora más y con la obligación de encontrar espacios ante un rival muy replegado, el Madrid empezó a mover la pelota con paciencia y a cargar especialmente por la banda de Athenea, una de las vías más activas para abrir la defensa tinerfeña. El dominio era claro, aunque no siempre fácil de traducir en goles, porque el Tenerife optó por cerrarse atrás y jugar a la contra con envíos largos, buscando sorprender a la espalda de la defensa merengue.
Aun así, el control del partido siempre fue del Madrid. Tuvo más balón, más presencia en campo rival y una sensación permanente de amenaza, aunque el encuentro también dejó otro contratiempo importante: Feller tuvo que salir lesionada después de recibir una entrada agresiva en el pie. La superioridad blanca era evidente, pero el precio físico del partido empezaba a ser demasiado alto.
La primera parte dejó a un Madrid dominante, instalado en campo contrario y tratando de encontrar el momento exacto para romper el bloqueo rival. Tenerife, con diez, prácticamente renunció a discutir la posesión y se limitó a resistir y a esperar algún error que le permitiera correr. Pero la sensación al descanso era clara: si el Madrid mantenía el ritmo, el gol acabaría llegando.
Y llegó nada más arrancar la segunda mitad. En el 46’, Alba Redondo recibió un pase filtrado dentro del área, atacó bien el espacio y definió con tranquilidad para poner por delante al conjunto blanco. Fue un gol importantísimo, no solo por abrir el marcador, sino por premiar una superioridad que ya venía construyéndose desde hacía tiempo.
Ese tanto liberó todavía más al Madrid, que salió del descanso con mucha intensidad, siendo profundo tanto por fuera como por dentro. El equipo empezó a generar ocasiones realmente peligrosas y a encontrar cada vez más espacios ante un Tenerife que ya bastante tenía con sostener el resultado. La presión, además, seguía siendo una de las grandes fortalezas del conjunto blanco. Al adelantar su línea defensiva, el Madrid lograba hacerse más compacto y, con ello, activar una presión tras pérdida mucho más efectiva. Esa agresividad para recuperar rápido el balón fue una de las claves para que el rival prácticamente no pudiera respirar.
El segundo gol terminó por reflejar ese dominio. En el minuto 59, Eva Navarro probó con un disparo desde fuera del área que la portera logró blocar a medias, pero Angeldahl apareció con gran intuición para cazar el rebote y empujarlo a la red. Fue una acción de puro olfato ofensivo, de estar en el sitio correcto, y dejó el partido prácticamente sentenciado.
Más allá de los goles, el segundo tiempo dejó nombres propios. Uno de ellos fue el de Eva Navarro, muy destacada durante muchos tramos del encuentro. Fue importante en ataque por sus desbordes y centros peligrosos, pero también por todo el trabajo que hizo sin balón. Sus recorridos defensivos y su ayuda constante en el centro del campo resultaron fundamentales para mantener la ventaja y para sostener la solidez colectiva del equipo. Fue uno de esos partidos en los que una jugadora brilla no solo por lo que produce arriba, sino por todo lo que suma al funcionamiento general.
Con el 2-0, el desarrollo del partido ya no cambió demasiado. El Madrid siguió siendo el equipo incisivo, ambicioso y mejor plantado sobre el césped. Continuó generando ocasiones claras, mientras que el Tenerife terminó de inclinarse por la defensa y apenas apareció en ataque en todo el segundo tiempo. El cuadro visitante bastante tuvo con resistir, mientras las de Pau Quesada manejaban el encuentro con seguridad y sin perder el orden.
Fue, en definitiva, otra victoria trabajada desde la superioridad. No fue una tarde perfecta por las lesiones y el mal sabor de las entradas recibidas, pero sí una actuación seria, madura y dominante del Real Madrid femenino. El equipo supo adaptarse al contexto, mantener la paciencia y terminar imponiendo su calidad en el momento adecuado.
Una victoria más para las de Pau Quesada, construida desde el control, la intensidad y la convicción de un equipo que sigue encontrando respuestas incluso cuando el partido se le tuerce desde muy pronto.







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