El Castilla rescata un empate agónico ante el Arenas en un Di Stéfano de nervios y esperanza

Once inicial del Real Madrid Castilla posando antes del partido ante el Arenas de Getxo en el estadio Alfredo Di Stéfano.

Real Madrid Castilla y Arenas de Getxo empataron 3-3 en la jornada 37, en un partido de ida y vuelta que dejó al Alfredo Di Stéfano entre la ilusión del ascenso y la frustración de un equipo que volvió a remar a contracorriente.
Había ambiente de cita grande en Valdebebas. Con 1,792 espectadores en las gradas y el sueño del ascenso latiendo en cada rincón del Alfredo Di Stéfano, el Castilla saltó al césped con la obligación de ganar y la presión de no fallar. Pero lo que parecía una tarde propicia terminó convirtiéndose en un ejercicio de supervivencia, en una pelea desordenada, tensa y emocional, que el equipo blanco logró salvar en el último suspiro.

El arranque dejó entrever las intenciones del conjunto de Arbeloa. Fortuny avisó pronto con la primera llegada seria del partido, tras desbordar por banda, apoyarse en Valdepeñas y sacar un disparo que encontró bien colocado a Aragoneses. Poco después, Ciria también rozó el primero con una gran acción nacida de un pase largo de Palacios: ganó el uno contra uno y probó desde fuera del área, obligando al guardameta visitante a intervenir con una parada de mucho mérito.

Sin embargo, esos primeros minutos también enseñaron el principal problema del Castilla: tenía voluntad, tenía presencia, pero le faltaba claridad en los metros finales. El Arenas, bien plantado, supo soportar el dominio inicial del Madrid y esperar su momento. Y cuando llegó, golpeó con contundencia.

En el minuto 18, una buena presión alta del cuadro visitante provocó el error de Manuel Ángel en salida. El Arenas recuperó, abrió para Sergio Navarro y el centro raso del extremo encontró solo a Marcos Fernández, que remató a placer para firmar el 0-1. El tanto dejó tocado al Castilla, que intentó reaccionar con orgullo. Palacios rozó el empate con un disparo que se marchó cerca del palo derecho y después tuvo otra opción de cabeza, tras un nuevo desborde de Ciria, muy activo por fuera, pero sin acierto en el remate.

El Arenas no solo resistía: también se atrevía. Su valentía en ataque fue una de las notas más llamativas del encuentro. Lejos de encerrarse, el conjunto vasco lograba proyectar hasta seis hombres en campo rival, abriendo espacios y sembrando dudas en la zaga blanca. Así volvió a amenazar en el 39’, con otra internada de Navarro que puso un centro a media altura sin encontrar rematador. El aviso fue serio. El castigo, todavía más.

En el 42’, Álex Hidalgo amplió la ventaja y dejó helado al Di Stéfano. El Castilla se veía dos goles abajo, incómodo, superado en varios tramos y obligado a remar otra vez. Pero justo antes del descanso encontró el tanto que lo devolvió a la pelea. En el 45’, Fettal recortó distancias y encendió de nuevo a la grada. Fue un gol de esos que no arreglan todos los problemas, pero sí cambian el estado de ánimo de un partido.

Y el cambio se sintió de inmediato. Nada más volver de vestuarios, el Castilla encontró el empate. Palacios, de lo más inspirado del equipo blanco, filtró un gran pase para Ciria; Aragoneses volvió a intervenir, pero esta vez Fortuny apareció muy atento al rechace, controló con calma y empujó el 2-2 en el 48’. El Madrid se creció con ese gol. No tanto desde el juego, sí desde el impulso. Con más corazón que fútbol, el filial blanco se metió de lleno en un partido que se le había puesto muy cuesta arriba.

Aun así, el encuentro nunca terminó de caer del lado madridista. De hecho, durante muchos minutos del segundo tiempo, el Arenas fue el equipo que se vio más cómodo sobre el césped. Tuvo el balón, presionó bien arriba y siguió encontrando rédito en esa incomodidad constante que generó sobre los centrales del Castilla. Fran González tuvo que mantenerse atento, mientras el conjunto blanco dependía en exceso de chispazos individuales para encontrar profundidad.

En ese contexto, César Palacios fue el faro del Castilla. Siempre dispuesto a ir hacia adelante, ofreció una variante distinta en ataque con sus pases filtrados, su lectura para detectar al hombre libre y sus incorporaciones sorpresa al área rival. No encontró el gol cuando lo buscó por sí mismo, pero sí dejó claro por qué Arbeloa confía tanto en él. Fue, seguramente, el jugador más completo del cuadro blanco en una tarde de incertidumbre.

El tramo final volvió a castigar al Castilla cuando parecía que podía sostener al menos el empate. En el 89’, Bazaga convirtió desde los once metros el 2-3 para el Arenas y silenció de nuevo al estadio. Era un golpe durísimo, pero también un reflejo bastante fiel de lo que había sido el partido: el Arenas, en líneas generales, había competido mejor y había sabido incomodar más al Madrid.

Cuando todo apuntaba a una derrota dolorosa, el Castilla volvió a aferrarse al partido. Y lo hizo en el minuto 95. Aguado colgó una falta al área, y en el segundo palo apareció Palacios para cabecear el 3-3 definitivo. El tanto salvó un punto, evitó el desplome total y desató un último grito de alivio en Valdebebas.

No fue la tarde soñada para un Castilla que quería dar un paso firme hacia el ascenso. Le faltó control, le faltó contundencia y por momentos fue superado por un Arenas valiente y ordenado. Pero también dejó una de esas imágenes que mantienen vivo a un equipo en la pelea: la de no rendirse hasta el final, aunque el partido se le haya escapado varias veces de las manos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *